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«Nuestra cultura y la globalización»

«Nuestra cultura y la globalización»

Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas
para el domingo 15° durante el año. El domingo pasado, 9 de julio, hemos rezado por nuestra Patria con la oración del Te Deum en la misa celebrada en nuestra catedral, también le pedimos a nuestra Madre de Itatí por todos los argentinos y especialmente por la diócesis de Posadas que celebra los 60 años desde su creación. Contamos con la participación de muchos fieles de nuestras comunidades, sacerdotes, diáconos y sobre todo tantos jóvenes con los cuales vivimos una vigilia de oración en el encuentro diocesano.

El evangelio de este domingo (Mt 13,1-23), que se refiere a la parábola del sembrador, puede ayudarnos a comprender la necesidad de no tirar semillas en vano, en la superficialidad del materialismo, a las aves rapaces del egoísmo y la soberbia que destruyen todo, sino en buena tierra para que den fruto: «Éste produce fruto, ya sea cien, ya sesenta, ya treinta por uno».
Al celebrar el día de la Independencia hemos considerado la necesidad de replantear nuestra identidad cultural latinoamericana, en nuestra Patria y Provincia, en el contexto de un mundo que acentúa el fenómeno de la globalización en este inicio del siglo XXI. Sería un despropósito no tener en cuenta la memoria histórica, clave de la identidad de un pueblo, que permite proyectarse con consistencia hacia el futuro.
En el documento de Aparecida se señalaba al respecto: «La realidad social, que describimos en su dinámica actual con la palabra globalización, impacta, por tanto, antes que cualquier otra dimensión, nuestra cultura y el modo como nos insertamos y apropiamos de ella. La variedad y riqueza de las culturas latinoamericanas, desde aquellas más originarias hasta aquellas que, con el paso de la historia y el mestizaje de sus pueblos, se han ido sedimentando en las naciones, las familias, los grupos sociales, las instituciones educativas y la convivencia cívica, constituyen un dato bastante evidente para nosotros y que valoramos como una singular riqueza. Lo que hoy día está en juego no es esa diversidad, que los medios de información tienen la capacidad de individualizar y registrar. Lo que se echa de menos es más bien la posibilidad de que esta diversidad pueda converger en una síntesis, que, envolviendo la variedad de sentidos, sea capaz de proyectarla en un destino histórico común. En esto reside el valor incomparable del talante mariano de nuestra religiosidad popular, que, bajo distintas advocaciones, ha sido capaz de fundir las historias latinoamericanas diversas en una historia compartida: aquella que conduce hacia Cristo, Señor de la vida, en quien se realiza la más alta dignidad de nuestra vocación humana» (DA 43)
«Considerando esta memoria histórica e identidad cultural, ante el nuevo desafío que presenta el fenómeno de la globalización, favorecido por el rapidísimo avance tecnológico de las comunicaciones, nuestro tiempo requerirá impregnar esta globalización de la solidaridad, evangelizándola y humanizándola. En Aparecida se señalaba: “Se verifica, a nivel masivo, una especie de una nueva colonización cultural por la imposición de culturas artificiales, despreciando las culturas locales y tendiendo a imponer una cultura homogeneizada en todos los sectores. Esta cultura se caracteriza por la autorreferencia del individuo, que conduce a la indiferencia por el otro, a quien no necesita ni del que tampoco se siente responsable. Se prefiere vivir día a día, sin programas a largo plazo ni apegos personales, familiares y comunitarios. Las relaciones humanas se consideran objetos de consumo, llevando a relaciones afectivas sin compromiso responsable y definitivo» (DA 46).
En el texto del Evangelio de este domingo, el Señor explica la parábola del sembrador. Nuestro tiempo necesita de hombres y mujeres que reciban como las semillas, la Palabra de Dios en tierra fértil, que la escuchen, la comprendan y puedan producir frutos. «Globalizar la solidaridad», será uno de los grandes desafíos para nuestro tiempo.
¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!
Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas